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La Formacion en Valores a traves de la asignatura Geometria

Resumen
Introducción
Desarrollo
Conclusiones
Bibliografía

Resumen

Con este trabajo se pretende, en un primer momento, dar un grupo de elementos teóricos para el diseño de una estrategia metodológica, para la formación en valores, la didáctica: sus categorías y principios, así como hacer un análisis crítico del programa de Geometría del segundo año de la carrera de Ciencias Exactas, de los Institutos Superiores Pedagógicos, en función de su estructura metodológica y las posibilidades para la formación en valores, de los futuros maestros en formación. Teniendo en cuenta la importancia de la labor que realizan estos, como protagonistas del proceso docente educativo en las escuelas, se da salida mediante las clases del programa de estudios de la asignatura a los valores responsabilidad y laboriosidad de manera que los contenidos de la Geometría y su forma de enseñarlos contribuyan al desarrollo de estos valores. Sobre cómo asumir estos retos, en la educación cubana actual, trata este trabajo.

Palabras clave: valores, responsabilidad, laboriosidad, estrategia.
Introducción

No hay dudas de que las perspectivas fundamentales en la enseñanza universitaria, en los momentos actuales, están basadas en una educación a lo largo de la vida, con equidad y con una garantía de la calidad, no sólo en el orden competitivo profesional, sino en el de elevación de los valores humanos, que le permita a los centros de enseñanza superior la primacía histórica, en el desarrollo social de la humanidad.

El desarrollo vertiginoso de la ciencia y la técnica en estos momentos y la gran cantidad de conocimientos acumulados por el hombre, a través de los siglos, son realidades que sitúan a la educación ante un gran reto: preparar a las nuevas generaciones para la vida, para que puedan vivir de acuerdo con su tiempo, en un mundo donde el hombre se convierte, cada vez más, en transformador de la naturaleza, donde los conocimientos se renuevan y enriquecen constantemente en un proceso dialéctico. En tales circunstancias, ningún sistema de educación puede aspirar a trasmitir a los alumnos toda la experiencia acumulada por la humanidad, pero sí a formar en ellos las cualidades del pensamiento y de la personalidad, que les permitan estar preparados para participar activamente en la construcción de la nueva sociedad.

Al intervenir en la Clausura de la III Convención Internacional de Educación Superior, Universidad 2002, el Comandante en Jefe planteó: “De las universidades y de las inteligencias que en ellas se cultivan saldrán las ideas que den respuesta a las inquietudes de hoy, y no solo de las universidades, sino de los sistemas de educación y de los sistemas culturales”. (Castro, 2002)

La Universidad desarrolla su labor educativa, ubicando en primer plano no solo los conocimientos y las habilidades que se deben formar y desarrollar en los estudiantes, sino también los valores, como componente clave de su personalidad, lo cual supone, no solo definir en los planes de estudio los objetivos educativos que se aspiran alcanzar; sino instrumentar las vías o campos de acción que permitan materializar este empeño.

La educación política, ideológica, económica y social de los profesores, ha estado presente en la vida y obra de la Revolución, como un derecho de estos en la formación y desarrollo de su conciencia, pilar esencial en la lucha por el desarrollo de los conocimientos y la formación de valores relacionados con la dignidad, el patriotismo, el humanismo, la solidaridad, la justicia, la honradez, la honestidad, la responsabilidad y la laboriosidad, valores estos imprescindibles en la formación de las nuevas generaciones.

El valor moral es el reflejo de la significación social positiva, en contraposición al mal de un fenómeno, que con carácter valorativo – normativo, a nivel de la conciencia moral y en forma de principios, normas, representaciones morales, etc., orienta la actitud y la conducta del hombre hacia el progreso moral, a la elevación del humanismo y al perfeccionamiento humano; y será sin lugar a dudas la fuente esencial para modelar, en los futuros profesores, sus principales componentes (cognitivo, afectivo volitivo y orientación ideológica). Hoy, como en ninguna otra época, la educación se ve urgida de encontrar medios efectivos que preparen al hombre para la vida social, para desarrollar y transformar este mundo, en un lugar verdaderamente habitable para todos.

La profesionalidad en la ética pedagógica aglutina los valores morales de: amor a la profesión, profundo humanismo, espíritu revolucionario, ser consciente y cumplidor de sus deberes y responsabilidades pedagógicas, ser exigente y justo, ser honesto, modesto y sencillo, poseer prestigio moral y autoridad pedagógica.

En la introducción a la Conferencia Regional sobre Política y Estrategias para la Educación Superior en América Latina y el Caribe, el Profesor Axel Didriksson se refería a la importancia de la formación de los futuros profesionales de la Educación Superior, con una alta cultura y conciencia ambiental, señalando que es una de las tendencias principales de la Educación Superior, en el presente siglo. Los problemas acuciantes que vive la humanidad hay que enfrentarlos desde todas las aristas de la vida social.

En particular, la enseñanza de la Geometría en la escuela cubana ha pasado por diferentes etapas, en las cuales se han puesto de manifiesto insuficiencias que en la actualidad no han sido resueltas en su totalidad. El hecho de priorizar en la escuela la Geometría Plana sobre la Geometría del Espacio, Descriptiva o la Analítica, en muchos casos tuvo en cuenta llevar a los alumnos un conjunto de conocimientos que, pudieran tener una relación más directa con la realidad (léase vinculación con la vida práctica), a partir de mayor cantidad de horas lectivas, tránsito de la propia unidad por diferentes grados (desde la enseñanza primaria hasta la media superior), el desarrollo de las habilidades propias de esta Geometría (Plana), en detrimento de la sistematización adecuada de las restantes, en los distintos grados de las diferentes enseñanzas, etc.

Sin lugar a dudas, ha habido un crecimiento en el desarrollo de las habilidades propias de la Planimetría, sin dejar de señalar como aspecto neurálgico el tema de las construcciones y demostraciones geométricas que, continúan siendo el Talón de Aquiles en la enseñanza de esta asignatura. El uso correcto de los instrumentos de la Geometría es aún una habilidad no desarrollada en su totalidad. Si bien en los momentos actuales existe un criterio sólido en cuanto a la estructuración metodológica de los contenidos inherentes a esta asignatura, en particular a la organización pedagógica del sistema de contenidos, métodos y medios orientados al logro de los objetivos formativos e instructivos propuestos, se hace imprescindible un mayor esfuerzo, en cuanto a la concepción del desarrollo de determinados hábitos(organización, limpieza, constancia en el esfuerzo, etc.) en tanto estos determinan, en gran medida, el resultado de un ejercicio, una demostración, una construcción, etc. Así, la preparación de los docentes, como sujetos activos en el proceso de enseñanza aprendizaje ha de constituir la base esencial para lograr los resultados esperados, en su relación con los alumnos (sujetos de la actividad en el proceso).

La relación estrecha entre las insuficiencias actuales y la vinculación de estas habilidades con la formación de determinados valores en los alumnos, presupone una preparación consecuente de estos profesores, de modo que el rol a ellos encomendado satisfaga, en lo fundamental, las necesidades sociales que la educación asume en función de formar individuos, según los paradigmas culturales y sociales prevalecientes.

El papel de la universidad en la educación en valores, presenta características diferenciales con respecto al de la familia, abriendo nuevas posibilidades para la formación moral y social. Se señalan las potencialidades liberadoras de las instituciones de socialización secundaria, para una formación más flexible y abierta de la ética y los valores, en contraste con el papel generalmente conservador que se le asigna a la familia como agente socializador. (Tudesco: citado por Savater, 1997) En igual sentido se pronuncia Jerez (1996): “Más que enseñar valores lo importante es vivirlos, configurar un mundo humano, en el cual los valores sean una guía a lo largo del camino”.

Fernando González Rey en su artículo “Los valores y su significación en el desarrollo de la persona” (1998) señala: “A diferencia de otras formas de información aprendidas, los valores no se fijan por un proceso de comprensión; por lo tanto; no son la expresión directa de un discurso que resulta asimilado, sino el resultado de una experiencia individual, a partir de las situaciones y contradicciones que la persona presenta en el proceso de socialización, del que se derivan necesidades que se convierten en valores, a través de las formas individuales en que son asumidas y desarrolladas dentro del propio proceso”. Partiendo de esto, la educación en valores debe estar en el contenido del programa de cada disciplina.

Cuando se refiere a las cualidades del proceso docente educativo, Carlos Álvarez de Zayas señala, como una de ellas: “el acercamiento a la vida ” y lo clasifica en académico, laboral e investigativo. También hace alusión a que “… el proceso docente educativo académico es abstracto, modelado y que contiene una parte de la realidad. Este proceso existe en tanto es necesario para profundizar en esa parte de la realidad, encontrando en él su esencia, aquellos conceptos y leyes que lo explican de modo más profundo. El proceso educativo de carácter laboral es aquel que contiene en su mayor grado a la realidad y consecuentemente integra un conjunto de disciplinas académicas, en tanto la realidad misma es de naturaleza multidisciplinaria e interdisciplinaria, en que el estudiante se enfrenta a problemas de la práctica real. Ambos componentes son necesarios, el académico para profundizar en la esencia del objeto de estudio y el laboral, para regresar a la realidad en toda su riqueza y multidisciplinariedad. Existe un tercer proceso de carácter investigativo en el que lo laboral adquiere su máxima expresión, ya que los problemas a que se enfrenta el alumno son problemas de la investigación científica” (2000) La formación en valores es tan importante como el propio contenido que se imparte en cada una de las asignaturas, se trata, por lo tanto, que el sistema de conocimientos, el de habilidades y el de valores tengan implícito los valores que se requieren formar.
Desarrollo

En Cuba se cuenta con un caudal de valores, formados a lo largo de la historia, presentes en el pensamiento y las tradiciones del pueblo cubano, como se puede apreciar en las ideas planteadas en las mejores tradiciones pedagógicas: de Luz y Caballero, Varela, Varona, José Martí y actualmente Fidel Castro. En la obra Martiana se plantea como ideal de hombre, aquel que fuese generoso, altruista, independiente, creador. El Comandante en Jefe, al definir el concepto de Revolución, se refería a la defensa de aquellos valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio y exponía de manera clara algunos de estos valores, por los cuales el pueblo ha luchado a través de la Historia: igualdad, heroísmo, patriotismo, solidaridad, altruismo, modestia, desinterés. Jerarquizaba de ese modo, en el claro concepto, aquellos rasgos de cada uno de los cubanos que hacen hoy un pueblo fuerte y unido. Es un hecho cierto que: “en los centros educacionales se está produciendo una evolución: los objetivos, actividades, contenidos, procedimientos metodológicos y sistemas evaluativos incrementan su intencionalidad hacia los valores, disminuyendo su dirección hacia la dimensión cognoscitiva.” (Sánchez, Díaz, 1996)

Savater, (1997) retoma los criterios del experto Juan Delval, quien afirma que el tema de la educación moral o educación de valores morales es un aspecto inseparable, esencial de la educación, constituye su fin último, su objetivo más alto y considera que el cambio más importante que abren las nuevas demandas de la educación es la necesidad de la incorporación, en forma sistemática, de la tarea de la formación de la personalidad. Sostiene que las instituciones educacionales deben formar en lo adelante, no sólo el núcleo básico del desarrollo cognitivo, sino también el núcleo básico de la personalidad.

Desde las posiciones medulares del enfoque histórico cultural, desarrolladas por L.S. Vigotsky, se enfatiza en el carácter rector de la enseñanza, en el desarrollo psíquico, dirigida a la formación y desarrollo pleno e integral de la personalidad del educando, a la adquisición de conocimientos y apropiación de la cultura, que tiene lugar a partir de las interacciones, de los procesos comunicativos que se producen en la escuela y en la clase, de los tipos de actividad que en ella se desarrollan en el seno de determinado contexto social, histórico e institucional que, condicionan los valores e ideales de la educación, constituyendo el aprendizaje el mecanismo de apropiación de dicha experiencia, a partir del cual se organiza el proceso pedagógico.

Este enfoque, originado a partir de la escuela histórico-cultural de Lev Semionovich Vigotski y sus seguidores, tiene en la actualidad una gran importancia. Por su fundamento psicológico, el interés de este enfoque es el desarrollo integral de la personalidad del individuo, destacando el hecho de que la personalidad no puede desarrollarse solo a través de un enfoque cognoscitivo interno, divorciado del contexto social en el cual el individuo interactúa con otros semejantes. El enfoque histórico-cultural es aplicable, por tanto, al desarrollo del conocimiento humano, a partir de la comprensión de que toda acción humana es el resultado de un largo proceso histórico de transmisión de la experiencia cultural precedente. Asociado a lo anterior, una de las contribuciones fundamentales que realiza Vigotski a la sicopedagogía, es el concepto de zona de desarrollo próximo o potencial del individuo, la cual se define como el espacio que media entre lo que el sujeto es capaz de hacer por sí solo (lo que el individuo ya conoce), y lo que puede lograr mediante la cooperación con otros, en un espacio de interacción socialmente construido (que puede ser, por ejemplo, el aula). Por consiguiente, en este caso, los sujetos de interacción son el profesor, como guía del proceso y su facilitador, así como el resto de los estudiantes. Las interacciones son mediadoras entre las personas en el proceso del conocimiento. El aprendizaje es comprendido como actividad social y proceso individual de apropiación, construcción y reconstrucción de la experiencia, de la red de vínculos social de la cual el sujeto participa y es su activo creador, en el que se apropia de conocimientos, habilidades, actitudes, valores, afectos y sus formas de expresión en condiciones de interacción social, en un medio socio-histórico concreto. (Castellanos, 2002)

“La inserción del hombre en una realidad concreta no transcurre de manera simplificada o lineal en el sentido de un determinismo automático de su conciencia individual. El carácter dialéctico de esta relación supone el papel activo del sujeto, quien no hace un reflejo pasivo de sus condiciones de vida, sino que a lo largo de todo su recorrido vital recibe una influencia social y a la vez, devuelve a la sociedad su influencia propia. Es decir, el hombre no asimila simplemente la experiencia social que se transmite de la cultura, sino que la transforma en valores, disposiciones y orientaciones propias”. (Fuentes, 1995) La formación en valores es un proceso complejo, que ha de iniciarse desde edades tempranas y en el que han de intervenir múltiples factores. Los valores no se insertan en la personalidad, se educan, se modelan, se forman a través de la actividad para llegar a convertirse en convicciones. (Ramos, 2006). Es indiscutible que para ello se necesitan cada vez profesores mejor preparados para enfrentar la larga y difícil tarea de formar valores, en las nuevas generaciones.

Entre las funciones fundamentales del profesor se encuentran las de orientar y guiar al estudio, con el fin de potenciar sus posibilidades, por lo que el profesor debe ser competente, creativo, y tener muestras de interés por el perfeccionamiento y autoperfeccionamiento continuos, madurez, coherencia y equilibrio emocional y ante todo, debe mostrar respeto hacia las personas, sus opiniones, formas de pensar y actuar. (Ramos, 2006).

La filosofía marxista establece la necesidad del análisis objetivo de los valores, a partir del principio del determinismo aplicado a la vida social, del criterio diferenciador entre ciencia y valor, de su nexo interno y de los tránsitos recíprocos y las interacciones entre las dos esferas. De esta forma es posible desmitificar los valores, eliminando su ropaje trascendente e intuitivo y hallar, tras las formas externas de su manifestación, su verdadero contenido, su “sustancia” en la actividad práctico-social de los hombres a lo largo de la historia. (Ojalvo, 2002)

Los valores existen como tales y son producto de la actividad práctica de los hombres; son la expresión concentrada de las relaciones sociales. Los valores son objetivos, porque objetiva es la actividad práctico material en la cual surgen y expresan las necesidades de la sociedad, las tendencias reales del desarrollo social. Su origen no puede buscarse más allá de la realidad histórica y social, en un ser ideal que la trascienda.

Los valores y cualidades morales profesionales que deben conformar un egresado, que responda a las necesidades actuales, se corresponden con las dimensiones de la formación integral del profesional de la educación: el educador cubano, sobre la base de una plataforma cultural, con el dominio de las ciencias, la ética y los recursos necesarios para la enseñanza aprendizaje y educación integral de los niños y jóvenes, con un sentido revolucionario, transformador y creativo en su labor y con una ideología patriótica, antiimperialista y socialista.

Los valores de la profesión se conceptualizan como el conjunto de objetos materiales y espirituales, conceptos, normas y principios correspondientes al objeto, al sujeto y a los procesos fundamentales de cada profesión, con una significación positiva y trascendente en los planos objetivo, subjetivo y socialmente instituido, cuya manifestación establece el nexo cualitativo y volitivo necesario entre los hábitos, las capacidades y el encargo social planteado a cada profesión, durante el desarrollo de los tipos de actividad humana que les son inherentes. Los valores de la profesión forman parte de los valores del profesional y, junto a los demás valores humanos, complementan la formación integral del profesional de que se trate. (Rodríguez, 2005)

Para contribuir a la formación en valores, el educador tendrá que atender los componentes cognitivo, afectivo-volitivo, ideológico y de las experiencias morales acumuladas en las relaciones y la conducta de la vida cotidiana en la actividad. La educación en las instituciones pedagógicas ha de ser comprendida como una práctica moral, donde, en el proceso de formación se complementen mutuamente la función socializadora, en tanto tiene la misión de integrar a las personas a la sociedad en que vive y que responda a las exigencias sociales y la función personalizadora, referida a la formación de la personalidad de los educandos, de manera tal que puedan asumir una posición creativa, innovadora, participativa y responsable, en el medio social y en su contexto de actuación. Estas funciones resultan inseparables, por lo que deben estar contempladas por igual en el currículum.

Por otro lado, es función de la escuela contribuir a la solución de las contradicciones que se presentan, entre los resultados que se alcanzan y los deseados, entre el ser y el deber ser, entre lo individual y lo social; a la vez de utilizar todos los recursos, organización y métodos persuasivos para propiciar en los alumnos el juicio reflexivo y crítico, en el análisis científico de los fenómenos y procesos del mundo actual, nacional, del territorio y de la comunidad donde se desarrollan.

De aquí que, con mayor rigor en la formación de profesores, se debe conjugar dialécticamente la relación entre instrucción, desarrollo y educación. Luego, se aceptan las reflexiones de Carlos Álvarez de Zayas referidas a que “la instrucción es el proceso y el resultado, cuya función es formar al hombre en una rama del saber humano, de una profesión, de dar “carrera para vivir”, lo que requiere además, como resultado de esa misma apropiación, que desarrolle todas sus facultades, tanto espirituales como físicas…, “proceso en el cual se conforman determinados rasgos de su personalidad, mediante los cuales expresa los valores que los objetos y las personas tienen para él…”, por lo que al apropiarse de dichos valores, como parte de su preparación, también se logra la educación que se espera de ellos. (Álvarez de Zayas, 2000)

Sobre los procedimientos pedagógicos en el tratamiento del componente humanista, en la formación de los maestros, hay que tener en cuenta la importancia del concepto de Valor Moral, aspecto este que se extiende al tratamiento del sistema de valores inherentes a la profesión de los maestros, tales como:

Profundo humanismo, revelado en el amor a los niños, a los jóvenes, en una palabra, al ser humano, concretado a través de un trato y comunicación afectuosa, y respetuosa de la dignidad personal de sus educandos.

Amor a la profesión, expresado en la dignidad y honor pedagógico, abnegación y entrega.

Espíritu revolucionario, transformador, creativo y optimista.

Consciente y cumplidor de sus deberes y responsabilidades pedagógicas, luchador incansable por el perfeccionamiento constante y la excelencia de su trabajo.

Exigente y justo.

Honesto, modesto y sencillo.

Portador de un prestigio moral y autoridad pedagógica ante sus alumnos, sus colegas, la familia, la comunidad y la sociedad como un todo.

¿Cuál es el contenido del concepto de Valor Moral?

El valor moral, como un elemento de la conciencia (social e individual), expresa la significación social positiva, buena, en contraposición al mal, de un fenómeno (hecho, acto de conducta), en forma de principios, normas o representaciones sobre lo bueno o malo, justo, digno etc., que posibilita la valoración, orientación y regulación de la actitud y conducta de los individuos hacia la reafirmación del progreso moral, el crecimiento del humanismo y el perfeccionamiento humano.

“Una manera específica en que se fija y manifiesta la naturaleza objetiva y subjetiva de la actividad moral es en los valores morales. Los paradigmas del bien, la honradez, la justicia, la solidaridad, el humanismo y el honor entre otros, se constituyen en valores morales, en tanto muestran la significación socialmente positiva que poseen estas cualidades de la conducta de los hombres, para regular adecuadamente la convivencia social entre los mismos”. (Ramos, 1996).

En efecto, los planes y programas pueden estar perfectamente diseñados, pero si el equipo de profesores no los sigue, o los contradice en su práctica docente, aquellas orientaciones nunca llegarán a ponerse en práctica. Y al revés, hay veces en que, gracias a los profesores, y a pesar de las deficiencias de los planes y de los programas de estudio, se logra proporcionar a los alumnos una buena formación académica, así como una correcta asunción de los valores morales y profesionales, inherentes al futuro profesional. Se es como el buen actor que, de un pequeño papel, en muchos casos engrandece toda una obra con su actuación.

Los valores no pueden trabajarse en abstracto, no son elementos que se añaden o agregan al proceso docente educativo, sino que el trabajo con la formación en valores debe ser la esencia misma del proceso, en el que se preste especial atención a las relaciones internas entre los diferentes componentes, donde la concepción didáctica de cada una de ellos, tribute positivamente, desde una perspectiva sistémica y coherente a la formación en valores. Los valores, como importantes formaciones motivacionales no se insertan, por el contrario, se educan, se modelan, se forman a través de la actividad hasta llegar a convertirse en convicciones. (Romero, 1999) De ahí la importancia que tiene formar valores morales, lo cual implica que sus portadores manifestarán una conducta moral, acorde con los valores que posean.

Vista de este modo la formación en valores se logra, mediante el vínculo de lo afectivo con lo cognitivo. El conocimiento, como simple comprensión de la realidad, cuando se convierte en reflexión personalizada incluye lo afectivo y por tanto, contribuye a la formación del valor, y a su vez las vivencias afectivas que el sujeto experimenta, contribuyen a formar el conocimiento. Es preciso insistir, que la formación en valores es un punto esencial de análisis, cuando se tratan los aspectos que deben abarcar la preparación del estudiante y en particular de los futuros profesores. En este sentido se comparten las reflexiones de Carlos Zarzar, que señala que, “cuando hablamos de objetivos formativos de aprendizaje nos estamos refiriendo a la formación intelectual, a la formación humana, a la formación social y a la formación específicamente profesional”, (Zarzar, 1994), no obstante, se añade el criterio de que en Cuba, los objetivos también responden a la formación política, ideológica y cultural general que deben recibir los educandos.

Sin dudas, el pilar de aprender a ser, necesita de otros pilares para que los alumnos comprendan que también son virtudes del ser, su formación en los niveles de excelencia en el conocer y el hacer, tanto en la vida como en la profesión, así como la comprensión de la individualidad del otro.

Todo esto se logra con una sistemática educación en valores, que indique una orientación conductual, respecto a qué atenerse y cómo comportarse ante los problemas cotidianos. El futuro egresado de las escuelas pedagógicas debe tener claridad, de que el maestro tiene que ser un ciudadano ejemplar, que todos respeten y admiren; lo cual se va desarrollando en la medida en que el docente contribuya a fomentar la laboriosidad y la responsabilidad, como valores, que a juicio del autor de la tesis, son fundamentales. “Nos corresponde educar… hacer conciencia del sentido… de la responsabilidad, hay que decírselo a los jóvenes, desde que están en primer grado, y cuando están en segundo, tercero y cuarto, y cuando son adolescentes y cuando son universitarios o preuniversitarios, esa educación hay que darla, el sentido de la responsabilidad es a lo que hay que apelar…” y de igual forma propiciar el desarrollo de su cultura laboral. (Castro, 1998)

La educación en valores del nivel superior es fundamental y sobre todo para los tiempos contemporáneos, donde se requiere de recursos humanos, que no sólo salgan formados en conocimientos, habilidades y destrezas de tipo intelectual, sino en valores y actitudes, pues cada institución, a partir del ideal de ser humano que pretende formar se plantea una misión y en ella están insertas los valores a promover. Se destaca la importancia del diálogo y el ejemplo. (Uscanga, 2001)

En relación con el papel del maestro, en el proceso de formación de valores, se encuentran criterios diversos. En la gran mayoría de las reflexiones se reconoce el papel del diálogo y el ejemplo del docente, como un aspecto vital para la formación en valores. Pero también hay una tendencia, por suerte no mayoritaria, a proponer cierta neutralidad del profesor en este proceso (Trilla, 2001). Con frecuencia, los enfoques quedan en el plano teórico, por falta de propuestas metodológicas que profundicen en el cómo contribuir a formarlos.

La manera, pues, en que los valores se pueden incorporar al currículum, se traduce en la metodología de tipo didáctico-pedagógico que aplique el profesor, por medio de la cual va consiguiendo transmitir a sus alumnos esa formación que está plasmada en el perfil del egresado y en los objetivos de aprendizaje, sobre todo en los de tipo formativo.

Cada profesor tiene su “estilo” de dar clases, su forma de llevar la materia, su manera de relacionarse con los alumnos y con el conocimiento. No todos los estilos son iguales, ni todos producen los mismos efectos en los alumnos. De la manera de ser del profesor dependerá el tipo de formación que adquieran los alumnos. Se incorporan los valores en este nivel del currículum, por medio de la persona misma del profesor. Se predica con el ejemplo. Los profesores están a la vista de sus alumnos, y lo que estos vean en ellos lo tratarán de imitar, consciente o inconscientemente.

Enseñar y, sobre todo, educar, formar valores, desarrollar una ética, una actitud ante la vida, no es una tarea simple, y este reconocimiento obliga a introducir nuevas exigencias en la formación inicial y permanente de los profesores, con el fin de cambiar sustancialmente la idea que se tiene, acerca del trabajo docente. Hoy se reconoce la imposibilidad de proporcionar, en un tiempo determinado, “todos” los conocimientos y habilidades que serán necesarios para el adecuado desempeño de cualquier profesional. Además, las demandas sociales cambian más rápidamente que los sistemas educativos. Se requiere, por tanto, buscar nuevas formas organizativas, conducir de manera más flexible las estructuras académicas; utilizar nuevas modalidades que permitan el desarrollo de una mayor independencia y de las capacidades creadoras de cada individuo; trabajar de manera colectiva e interdisciplinaria; transformar el papel del profesor, de manera que, sin dejar la dirección del proceso, propicie un mayor protagonismo de los estudiantes en el aprendizaje y los enseñe a aprender por sí mismos, estimulando la búsqueda continua de nuevos conocimientos y la necesidad y el interés por la investigación. (Forneiro, 2005)

Dentro de los requerimientos generales a tener en cuenta, para diseñar las estrategias educativas y acciones para la formación de valores morales se sitúan:

Profesionalidad del maestro.

Condiciones del macro y el micro medio social.

Condiciones objetivas y subjetivas que sientan las premisas más generales, favorables o desfavorables para ello.

Seno familiar, condiciones socioeconómicas de vida, condiciones de clase, condiciones de la comunidad, entre otras.

Condiciones de la comunicación y su tono, en el marco de las relaciones interpersonales en que se desenvuelve el joven, necesidad de confrontar sus puntos de vista, confrontación de su autoimagen, con la valoración de los demás.

Formación de la autoconciencia, conocimiento de sí mismo, reafirmación del yo, en relación con el otro y los otros, ejercicio de la valoración y autovaloración.

Atención al mundo espiritual, esfera afectiva-volitiva, despliegue de los sentimientos, emociones, el tesón, la constancia, la voluntad.

Métodos de aprendizaje de participación activa, estímulo al talento, la creatividad e independencia.

Formación de aspiraciones, intereses, en forma de objetivos personales y sociales, donde la orientación profesional y vocacional, tenga un espacio importante.

Formación activa, donde es imprescindible experimentar en el acto de conducta, en el comportamiento, las vivencias y experiencias, acerca del cumplimiento de una norma o valor ético, la satisfacción personal que produce, el reconocimiento social que puede provocar, así como también las consecuencias de la violación de una norma o valor moral, la crítica o sanción que provoca, el cargo de conciencia, la vergüenza que se siente, y sobre todo el propósito de enmendar tal situación en su vida.

Influencia sistémica de la relación familia – escuela – comunidad, en vínculo con otros elementos del sistema de influencias sociales, como los medios de difusión masiva.

El empleo armónico de las TICs.

(Chacón, 2005)

La historia del sistema de enseñanza superior, como promotor y gestor de elevados conocimientos científicos, ha mostrado, de manera tangible, su compromiso con el desarrollo de la sociedad, a través de su vínculo con la comunidad, de sus relaciones con otras instituciones sociales, de su respuesta a la solución de los problemas más acuciantes del país, con la formación de profesionales altamente calificados y comprometidos con el perfeccionamiento del proyecto social.

Es por ello que, uno de los objetivos esenciales de esta enseñanza está dirigido a la formación de profesionales, con un elevado compromiso social, donde su saber científico no permanezca como patrimonio de su riqueza personal, sino, y a ello debe dirigirse todo el esfuerzo, de la riqueza de la sociedad, encaminados no solo a perpetuar los mejores valores de la cultura, a expresar su condición de producto social, sino ante todo su condición de activos creadores del cambio social.

Desde este compromiso social se postula la formación de profesionales, con un desarrollo autónomo de su personalidad, críticos, activos y reflexivos, armados de ideas justas, poseedores de una gran conciencia política y moral, proyectados no a la contemplación pasiva del mundo circundante, simples depositarios de un saber, sino como activos creadores y transformadores del entorno social, capaces de entender los procesos sociales, su lugar en ellos e insertarse en su dinámica de cambio, con elevados valores humanos, éticos, estéticos y morales.

“La experiencia vivida por nuestro pueblo – señalaba Fidel en el discurso pronunciado en el Aula Magna en la Universidad Central de Venezuela- nos ha demostrado cuánto valen las ideas, cuánto vale la fe en el hombre, lo que es sumamente importante en una época en que la humanidad se enfrenta a tiempos tan complicados y difíciles”. (Castro, 1999) Esta concepción en la formación del profesional, en correspondencia con el proyecto social y ético sustentado en los años de Revolución, no ha perdido su esencialidad, aunque ha modificado sus formas de materialización, reajustándose a las condiciones históricas y sociales concretas.

Los principios o valores sociales declarados, o asumidos desde su universalidad, como expresión de la intencionalidad a nivel social, en la formación del profesional, se van articulando a la práctica en cada momento del devenir histórico, la que determina su funcionalidad y eficacia social. No existe una relación lineal entre los llamados valores institucionalizados y valores objetivos, configurados desde la realidad misma, que dada sus características cambiantes y dinámicas van condicionando el cambio de sus formas de expresión y la emergencia de nuevos valores como representación de lo que se valora, desde la cotidianidad y que en ocasiones entra en contradicción con lo deseado o establecido, desde el discurso oficial. El análisis de esta relación dialéctica, entre el sistema de valores institucionalizado y el sistema objetivo de valores, permite comprender la complejidad del proceso contradictorio de su individualización, desde donde el individuo como sujeto configura sus valores, portadores de un sentido subjetivo, en el que se expresa la unidad de lo afectivo y lo cognitivo, lo social e individual. (Castellanos, 2002)

Sobre la formación de valores en los futuros profesionales existen experiencias interesantes en universidades cubanas y extranjeras, que pueden ser tenidas en cuenta y ser aplicadas con las adecuaciones correspondientes. Algunos de los resultados más interesantes son:

La necesidad de enfocar el proceso docente-educativo con una visión ética, comunicativa, holística e interdisciplinaria.

Problematizar los contenidos de la enseñanza con situaciones conflictivas, que revelen las contradicciones reales de la sociedad actual y el papel de los valores en su dilucidación.

El alumno como sujeto del aprendizaje que logre vivenciar los contenidos de la enseñanza (unidad de lo intelectual y lo emocional), a través de un diálogo cotidiano entre el profesor y el alumno y de ellos entre sí, así como que se estimule su autoperfeccionamiento y su educación.

Necesidad de una capacitación específica a los profesores universitarios, para la formación de valores en los jóvenes, a partir de la introducción en su práctica de estrategias tales como la orientación profesional, el aprendizaje grupal y el empleo de métodos participativos, así como el desarrollo de la competencia comunicativa de los docentes, y la redimensión de su rol.

Los valores no se pueden imponer, inculcar ni adoctrinar, los alumnos deben asumirlos y hacerlos suyos por su propia construcción y determinación.

La ejemplaridad del claustro de profesores y del funcionamiento de la universidad.

Se destacan los valores responsabilidad, fidelidad, solidaridad, autenticidad, patriotismo, laboriosidad y algunas vías para educarlos.

Enfatizar en la clase como vía fundamental para la educación de los valores, junto con las demás actividades.

Vincular de manera coherente los paradigmas cualitativos y cuantitativos de investigación.

Se involucran fenómenos psicológicos complejos, tales como los intereses, necesidades, motivos, intenciones, aspiraciones, ideales, convicciones, etc.

La obligatoriedad de hacer siempre un diagnóstico de cada alumno al entrar a la universidad y la constatación de su evolución en cada año. (Ortiz,1999)

Sobre estas experiencias cabe destacar, como anteriormente se apuntaba, el trabajo directo del profesor, su ejemplaridad, así como la del colectivo en el cual se desempeña. No existe mejor modelo para la asunción acertada de los valores que la conducta del profesor, esa comunicación diaria con el estudiante, el conocer sus criterios y posiciones ante la vida, el criticarle ante actitudes indebidas y la posibilidad de poder medir el avance del trabajo en la educación de los jóvenes.

“El profesor (…) debe, además de poseer una sólida cultura que le permita hallar los vasos comunicantes, ser capaz de analizar procesos, tomar acertadas decisiones, dominar las vías pedagógicas y psicológicas que le permitan conocer cómo actuar, cómo operar con esa cultura en las esferas gnoseológicas y axiológicas durante el aprendizaje de los alumnos” (Fierro, 1998) Según Fabelo “La formación de valores constituye para nosotros hoy un proceso básico para la elevación de la calidad educacional.” (Fabelo,1996).

En particular, en la Educación Superior Pedagógica, una de las acciones de mayor importancia estratégica en la gestión de calidad, se refiere a la formación integral de los futuros profesores, enmarcados en principios morales y en un sólido sistema de valores éticos que genere en cada uno un alto sentido de participación, responsabilidad y compromiso con la labor social, para la que se prepara y que sea capaz de abordar el proceso docente educativo, no solo desde el punto de vista curricular, sino como parte del ser humano, que ha sido formado en él. Para ello es necesario perfeccionar el proceso de enseñanza aprendizaje y dentro de este, los métodos de enseñanza, para propiciar un desarrollo más elevado de valores y actitudes en los estudiantes, que garantice la formación de una ética profesional, que se caracterice por un pensamiento creador, una mayor motivación por la investigación y superación permanente.

De ahí que, para poder decidir una estrategia a seguir con relación al trabajo educativo, el profesor deberá tener claridad en el conocimiento de su profesión, en tanto es en la que debe educarse a los estudiantes, esto implica un conocimiento general del plan de estudios de la carrera y la correspondencia de la asignatura, en este caso la Geometría, con respecto al plan de estudios. Es fundamental, además, la definición de los objetivos y contenidos, y la importancia de entender por método aquella forma ordenada y sistemática de conseguir un objetivo. No se puede hablar de métodos únicos, existen métodos generales que pueden flexibilizarse, de acuerdo al profesor y las características de los estudiantes.

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