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El Trabajo Social en la Comunidad y la atención integral al adulto mayor. Relación de acción

El Trabajo Social en la Comunidad y la atención integral al adulto mayor. Relación de acción
Resumen
Introducción
Desarrollo
Subprograma de atención comunitaria al adulto mayor
Conclusiones
Bibliografía
Trabajo Social y atención integral al adulto mayor

Resumen
El trabajo social como ente facilitador en la implementación de acciones en las comunidades y los trabajadores sociales como gestores de transformaciones sociales darán respuesta o pondrán en vías de solución las problemáticas y necesidades expuestas por los sujetos. Con el aumento progresivo de la población de adultos mayores en Cuba, se hace necesario promover la atención integral a este grupo etario. La introducción resume elementos necesarios para contextualizar en tiempo y espacio la situación actual del trabajo social. Se plantean conceptos y criterios especializados que ayuden en la comprensión de este trabajo. Se definen en el análisis situaciones y características actuales que matizan el accionar de los trabajadores sociales en el país, en función de este tipo de atención.

Introducción
La vinculación del accionar del trabajo social y sus especificidades en la comunidad, en función de la atención a los adultos mayores, es el objetivo fundamental de este trabajo. Las particularidades de esta profesión en Cuba, con especial atención en la situación suscitada luego del año 2000 y las particularidades y cambios que esto ha supuesto, resultan un sustento teórico para el mismo.

El trabajo social institucionalizado, en Cuba, tiene sus antecedentes en el triunfo de la revolución, aunque antes, existieron en el país algunas manifestaciones de protección social, fundamentalmente con la creación de la “Corporación Nacional de Asistencia Social” en 1940. Pero no es hasta enero de 1959, que se desarrolla de manera sistemática. Momento luego del cual, el gobierno, como alternativa de solución a los males sociales heredados de las anteriores administraciones, plantea la creación de un ministerio (Ministerio de Bienstar Social) que asista y atienda las necesidades materiales y espirituales más acuciantes de los individuos. De esta manera se comienza a desarrollar, en los años siguientes, con modificación de funciones, rediseño de accionar y con cambios estructurales que tuvieron la intención de fortalecer de manera teórica, metodológica y practica la profesión.

Hasta que en el año 2000, por iniciativa de Fidel Castro, se creó el Programa de trabajadores sociales. Con la intención de atender, coyunturalmente, situaciones y problemas sociales que se reproducían en la sociedad. Fue entonces, cuando se dio la posibilidad a jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, inicialmente en la capital del país y luego en el resto de las provincias, de incorporarse a la formación como habilitados en trabajo social. Con un programa docente concebido para un año académico, que incluía asignaturas de toda el área de humanidades, dotando de esta manea a los jóvenes de herramientas necesarias para la labor social, así como la realización de práctica preprofecional, dentro de las actividades curriculares. En años posteriores se dio la posibilidad de incorporación a jóvenes procedentes de preuniversitario, con onceno o duodécimo grado vencidos. Al concluir el curso escolar, tenían la opción de estudiar otras especialidades de las ciencias sociales, esta decisión sustentaba la idea de, graduar jóvenes que ya especializados en una carrera universitaria, utilizasen estos saberes en el ejercicio profesional del trabajo social, contribuyendo al desarrollo del trabajo con individuos, familias y en la comunidad fundamentalmente.

Estos jóvenes, egresados de la escuela, luego de un año de formación, se incorporarían al trabajo en la comunidad, como trabajadores sociales en la base (circunscripciones, consejos populares) o como dirigentes del trabajo social (municipios, provincias, país). Durante esta etapa se implementaron varias estructuras y formas de organización del trabajo social, hasta que el pasado año se oficializa a través del Decreto Ley 286/2011, y sostenido en el lineamiento 166, discutido y aprobado en el Sexto Congreso del PCC, la integración de las labores de prevención, asistencia y trabajo social en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS). Se mantienen con este proceso las mismas funciones y atribuciones del programa, en la recién creada unidad de Trabajo Social, que se subordina directamente en los niveles municipales y provinciales al Director de Trabajo y Seguridad Social.

Desarrollo
El trabajo social debe constituir en estos tiempos un elemento que permita potenciar desde la comunidad y desde la participación activa de sus miembros las propias transformaciones que, desde el punto de vista social, demanda la misma, además, está dentro de sus funciones ser ese puente de gestión entre usuarios e instituciones, entre recursos y necesidades.

Existen disimiles definiciones que varios autores han dado de lo qué es trabajo social. Una de estas es la de Kisnerman (1998) que asume el trabajo social como:

[…] la disciplina que se ocupa de conocer las causas y efectos de los problemas sociales y lograr que los hombres asuman una acción organizada, tanto preventiva como transformadora que los supere. No es simplemente ejecutora de lo que otras disciplinas elaboran. Interviene en situaciones concretas que muestran determinadas carencias, investigando y coparticipando con los actores en un proceso de cambio (pág. 153).

El concepto de Kisnerman, es el que definitivamente se ajusta a los intereses del trabajo y los propios del autor, para definir el trabajo social, ya que no solo aborda la necesidad del estudio de las causas del problema, para lograr un cambio o variación en sus efectos, sino que plantea la importancia de la contextualización del problema para su tratamiento y su significación en el proceso de capacitación y educación de los actores sociales. Además, propone un vínculo directo entre el accionar de los sujetos implicados y los actores sociales en marcha hacia un objetivo común. Es decir, que según los criterios especializados antes mencionados, puede asumirse como la actividad profesional mediante la cual se orienta, organiza y moviliza desde ella misma, la fuerza endógena comunitaria. Su objeto de estudio lo constituyen las irregularidades que se encuentran en el espacio de interrelación entre las necesidades, los servicios y las políticas sociales, y su objeto de intervención está en la orientación, movilización y organización de los sujetos implicados en esta relación para acompañarlos en la búsqueda de soluciones y en la determinación de sus potencialidades para resolver dicho conflicto o situación problema.

Hoy han cambiado los contextos sociopolíticos y se buscan alternativas a la crisis de los modelos de desarrollo, implementados, y en las comunidades, por lo general, existen estructuras y redes de servicios y prestaciones sociales que se corresponden con los modelos políticos y económicos que los estados refrendan. Para el desarrollo en los momentos actuales es importante y necesario contar con una economía estable, con una voluntad política organizada, así como, con políticas sociales verdaderamente humanas, equitativas y participativas. Las políticas públicas deben ser reconstruidas y ajustadas para que puedan contribuir al desarrollo social. Se necesita modificar las interpretaciones de educación, promoción y participación, elementos importantes del proceso de organización en las comunidades. No se puede hablar de inclusión social sin preparación y capacitación para comprender y orientarse frente a los cambios que han sufrido los sistemas económicos y los desafíos que repara la realidad social actual

Significativo continúa siendo en este contexto el actuar del trabajador social, pues corresponde a este, a partir del conocimiento de la realidad heterogénea y dinámica, aportar una visión con un enfoque integral, que permita la articulación de las políticas y de los programas, en función, específicamente del grupo de adultos mayores y sus necesidades, así como evaluar la efectividad de las acciones desarrolladas anteriormente y proponer aquellas nuevas que derivan del diagnóstico.

El profesional del trabajo social, no solo debe ser un conocedor del rol que debe jugar en la sociedad a la que pertenece, sino también de la función social que le corresponde desarrollar en ella. Esto, acompañado de la labor investigativa, permite realizar contribuciones acorde a la realidad existente en el contexto en que realiza su actividad práctica y que al mismo tiempo puedan responder a las necesidades reales de los sujetos demandantes de la acción profesional, así como a los intereses de su institución u organización. Pero esto solo pude suceder cuando el trabajador social cuenta con los conocimientos y herramientas necesarias para enfrentarse a la realidad concreta en que actúa, es consciente del proyecto social al que pertenece, posee un referente social que le permita analizar hacia dónde puede encaminar las acciones, además de ser un profundo conocedor de la realidad hacia la cual va encaminada su actuación profesional, y poseer un serio compromiso social tanto con la ciencia como con los sujetos a los que va dirigida la acción profesional. Estas condiciones permitirán, entonces, descubrir y desarrollar en los individuos las potencialidades existentes para que puedan ser sujetos del cambio y logren realizar sus propios proyectos, contribuyendo así a la dignificación y emancipación humana.

Resulta de interés en esta investigación abordar el trabajo social, desde la perspectiva comunitaria, pues en correspondencia con la problemática a tratar (la deficiente atención integral al adulto mayor), es la comunidad el escenario en el cual sujetos, actores sociales y grupos, se relación, interactúan, establecen nexos y relaciones de subordinación.

Al referenciar lo planteado por Caballero y Yordi (2004) para este trabajo se asume la comunidad como:

[…]el agrupamiento de personas, concebido como unidad social, cuyos miembros participan de algún rasgo común (intereses, objetivos, funciones), con sentido de pertenencia, situado en una determinada área geográfica, en la cual la pluralidad de personas interactúa intensamente entre sí e influye de forma activa o pasiva en la transformación material y espiritual de su entorno (p. 24-25).

Especial atención en este concepto, para el actual trabajo, requiere el planteamiento que hacen las autoras respecto a la participación y el sentido de pertenencia de los pobladores de la comunidad, para con las situaciones problema que se suceden en el territorio que abarca dicha unidad.

Es fundamental en este acercamiento al trabajo social comunitario, definir y tener en cuenta para usarlo como potencialidad, las características que presentan las dimensiones operativas de la comunidad: territorio, población, demandas y recursos. Según el nivel de veracidad de estos elementos, en el diagnostico, el trabajador social portará las herramientas necesarias para una intervención acertada, o al menos para proponer acciones que sean viables y sostenidas.

Según el criterio de la Dra. Tamara Caballero Rodríguez, profesora titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la Habana, en su “Disertación sobre trabajo social comunitario”, define este como:

El proceso de ayuda por el cual el profesional-trabajador social, a través de técnicas y procedimientos propios, promueve los recursos de la comunidad para ayudar en la superación de conflictos, dificultades, limitaciones o aspiraciones derivadas de su interrelación con el medio comunitario y los individuos con los que dentro de él se relaciona. Tiene el propósito de incidir en la realidad comunitaria, con el fin de obtener una realidad diferente, que dé respuesta a las necesidades de los individuos en sociedad (pág. 28).

Básicamente, en este concepto de la Dra. Caballero se resume la actividad transformadora del trabajador social en la comunidad, con énfasis en las características del medio y de los individuos y actores que lo integran, sin desestimar sus relaciones y conflictos. Por lo que en el presente trabajo, es asumido como referente teórico de la investigación.

Pero para poder alcanzar un desarrollo en la comunidad y sobre todo una participación activa en torno al problema común que les atañe, en este caso la falta de atención integral de la que son víctimas los adultos mayores, es necesario tener claros y trabajar en función de ellos, los objetivos del trabajo social comunitario.

Mejoramiento de las condiciones de vida económica, social, cultural y de desarrollo de la colectividad.

Modificar actitudes.

Despertar capacidades humanas.

Despertar niveles de aspiraciones.

Promover actividades que den respuestas a los problemas de la comunidad.

Existe en Cuba el Programa Nacional para la Atención al Adulto Mayor que favorecido por la estructura sociopolítica del país, asegura la participación activa de la familia, la comunidad y el propio adulto mayor como protagonista. Este programa, además de ofrecer una aglutinación en favor del adulto mayor, se aplica en todos los niveles de atención e incluye no sólo la salud y la seguridad social, sino incluso otras áreas como la legislativa.

Los objetivos específicos concebidos inicialmente para la marcha del proyecto, fueron:

Crear una modalidad de atención gerontológica comunitaria que contribuya a resolver las necesidades socioeconómicas, psicológicas y biomédicas de los adultos mayores en el nivel comunitario.

Mejorar la calidad de atención y promover mejor calidad de vida en las instituciones sociales, que permitan un equilibrio entre demandas y respuestas.

Alcanzar una atención integral hospitalaria al anciano sobre bases geriátricas actuales.

Se fundamenta el programa de atención integral al adulto mayor en sus tres subprogramas: Subprograma de atención comunitaria, Subprograma de atención institucional y Subprograma de atención hospitalaria. Los tres subprogramas tienen un carácter ético y de humanización de las infraestructuras, así como de las estructuras materiales y técnicas.

Subprograma de atención comunitaria al adulto mayor
Este subprograma constituye la célula básica en la atención al adulto mayor porque aglutina a la familia y a la comunidad en torno al trabajo con el anciano. Encaminado esencialmente, a dispensarizar a toda la población mayor de 60 años, e incluso realizar una evaluación funcional (expresión máxima de salud en el adulto mayor). Promover cambios en estilos de vida, hábitos y costumbres que favorezcan la salud. Prevenir y retardar la aparición de enfermedades y discapacidades. Garantizar la rehabilitación de los adultos mayores a través de la rehabilitación de base comunitaria. En esta forma de atención a los ancianos en el medio comunitario se desarrollan y fortalecen un conjunto de servicios de salud y sociales que ya ponen evidencia de su efectividad.

Equipos multidisciplinarios de atención gerontológica (EMAG): Servicio de salud, destinado al pesquisaje de condiciones o enfermedades que pueden reducir la capacidad del anciano de valerse por sí mismo. Están conformados por un especialista en Medicina General Integral, una enfermera, un psicólogo y el trabajador social. Brindan su servicio a todos los ancianos que viven en su radio de acción.

Casas de abuelos: Servicio social, que asume el cuidado de los ancianos durante 8 a 10 horas diarias, constituye un buen vehículo de estimulación y socialización para el anciano. Asumen el cuidado de los ancianos que han perdido la capacidad de realizar actividades instrumentadas (por ejemplo: contar dinero, encender el fogón, apagar las luces). Es un servicio que se ofrece a todos los ancianos pero enfatizando en los de 75 años y más porque es a partir de esta edad cuando con mayor frecuencia se evidencian perdidas de habilidades de este tipo.

Círculos de abuelos: Son agrupaciones de carácter informal en la comunidad, que promueven la participación del anciano de modo activo y espontáneo en actividades de prevención de salud. Están destinados a brindar servicio a los ancianos sin impedimento físico, mental o sensorial porque las actividades que desarrollan se relacionan con la práctica de ejercicios físicos y actividades recreativas fundamentalmente. Se desarrollan bajo la dirección del médico y la enfermera de la familia con la participación de un licenciado en Cultura Física y Deportes.

Ayuda domiciliaria: Servicio social, que incluye los servicios de lavado de ropa y limpieza del hogar a ancianos que viven solos. En casos en que los beneficiados presenten una situación económica precaria se asocia a prestaciones materiales (ayuda económica). El lavado de ropa se realiza generalmente en tintorerías aunque, en ocasiones personas de la comunidad asumen la realización de la actividad.

Alimentación: Servicio social, que tiene como objetivo cubrir, a bajo costo, la alimentación de los ancianos que viven solos. En caso de ser necesario se asocia al servicio de ayuda económica. Lo asumen, de forma general, los comedores obreros con sus propios recursos y los sistemas de atención a la familia (SAF).

Reparación de viviendas: Servicio social, destinado a mejorar, con escasos recursos materiales, las condiciones habitacionales de los ancianos que no pueden asumir la responsabilidad de reparar su vivienda. Generalmente se brinda a ancianos solos o a los que, aún teniendo familia cuentan con una situación económica precaria. El servicio lo asume el Poder Popular local con el apoyo de las empresas enclavadas en el área y la comunidad en su conjunto.

La clave del éxito del Subprograma de atención comunitaria al adulto mayor, radica en el trabajo multidisciplinario e intersectorial. Su esencia y su impacto están, precisamente, en el hecho de movilizar y activar las redes de apoyo social en torno a la solución de problemáticas que aquejan al grupo de adultos mayores.

Subprograma de atención al adulto mayor en instituciones.

Este Subprograma, se propone realizar acciones de promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación en los ancianos cuya única alternativa es permanecer en una institución. Pero con el apoyo de la familia, la comunidad y las organizaciones políticas y de masas, contribuyendo así a elevar su calidad de vida.

Subprograma de atención hospitalaria al adulto mayor.

Aunque la mejor alternativa para la atención a los ancianos es la que se desarrolla en la comunidad, en ocasiones resulta estrictamente necesario acudir a la hospitalización, por el consiguiente deterioro de las funciones biológicas, psicológicas y de adaptación al medio social, directamente proporcionales al incremento de la edad.

El Programa pretende enlazar la atención hospitalaria con la comunitaria en aras de mantener internado al anciano durante el tiempo estrictamente necesario y reincorporarlo tempranamente a su medio, desarrollando en ambos niveles de atención labores de tratamiento y rehabilitación.

El Programa Integral de Atención al Adulto Mayor en Cuba, en cada uno de sus Subprogramas, presenta principios éticos que con un carácter humano, se traducen en bienestar y satisfacción de las personas mayores:

Autonomía: Aceptar el derecho del adulto mayor a tomar decisiones y tratarlo con respeto y dignidad.

No maleficencia: Cuando el adulto mayor está en el proceso de morir este principio puede requerir el no llevar a cabo dolorosas pruebas médicas, ya que no habría beneficio para el paciente.

Beneficencia: El tratamiento que se elija debe tener potencial de ayuda al paciente, los agentes de salud y el servicio social están moralmente obligados a proveer tal cuidado.

Justicia: Los profesionales de la salud tienen la obligación de tratar igualitariamente a todos los adultos mayores. En nuestro país no es aceptable recibir escasos recursos de acuerdo con características como el género o la raza.Confidencialidad: Protección del récord de salud del adulto mayor. El agente de salud y los proveedores de servicio social tienen el deber de no revelar información a terceros, que el adulto mayor no lo desee, incluida la familia. Mantener la confidencialidad es una forma de respetar la autonomía del adulto mayor y de promover la confianza y comunicación. Se requiere un lugar privado para discutir temas sensibles y la información debe mantenerse en lugar seguro. En algunas ocasiones es permisible e incluso obligatorio romper la confidencialidad: enfermedades transmisibles, enfermedad mental que puede causar daño a otros, situación de abuso.

El tema rebasa las fronteras de Cuba y es una cuestión de especial interés en varios países, algunos, como es el caso de Costa Rica, poseen un programa de atención integral para las personas adultas mayores que cuenta con cursos dirigidos sobre el tema, a estudiantes que cursan carreras de humanidades en las universidades del país. También se ha potenciado desde el programa, la creación de centros de documentación, divulgación, recreación e información para personas adultas mayores, sus familias y la comunidad en general. Logrando, incluso, materializar la realización de mini-proyectos de alcance comunitario, para personas adultas mayores; talleres de sensibilización y concienciación; tertulias con personas adultas mayores sobre superación personal y actividades de tipo intergeneracional. Particularmente en Cuba, la atención integral que se brinda a los adultos mayores, está adscripta a los hogares de ancianos y casas de descanso fundamentalmente. Es decir, que se brindas estos servicios desde instituciones de salud que tienen dentro de su objeto social dicha atención. Pero en el marco de la comunidad y con aquellos adultos mayores que se encuentran fuera de estos espacios es deficiente. En este nivel la atención brindada, que es además la más manejada, es la atención en materia de asistencia social, fundamentalmente atención alimentaria, en los comedores del sistema de atención a la familia; las prestaciones monetarias de la seguridad social, las prestaciones en especias. Razón que avala la carencia de conceptos y definiciones, de lo que el autor llamaría: atención integral al adulto mayor en la comunidad.

Por tanto, teniendo como base teórica los elementos ya analizados, y asumiendo las deficiencias que en este campo se muestran en el país, se propone como definición del término para este trabajo: la atención integral al adulto mayor, vista como el conjunto de servicios que se prestan a la población de adultos mayores en la comunidad, en materia de salud, cultura, deporte y recreación. Potenciando los recursos y con la movilización de actores de la propia comunidad.

Conclusiones
La búsqueda de nuevas competencias profesionales y ámbitos de actuación del trabajo social, han descubierto en el envejecimiento poblacional y la necesidad de atención integral al adulto mayor un campo para el desarrollar de acciones socioculturales y estrategias comunitarias. Este trabajo con la tercera edad, por la multiplicidad de aristas que posee, no solo es ámbito laboral para el trabajador social, sino para psicólogos, pedagogos, animadores, educadores sociales. Desde el punto de vista de la medicina y la geriatría este ha sido un terreno bastante sondeado, pero es un área poco atendida por los servicios sociales. En los últimos tiempos se ha venido produciendo un paulatino avance del trabajo social y los servicios sociales, en cuanto una mayor profesionalización en el campo de la tercera edad.

Toca entonces volcar esfuerzos, recursos y sobre todo participar tomando parte en la transformación propuesta en la necesidad de que el trabajo social constituya pilar en la atención integral del adulto mayor.

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Autor:

Osniel Hernández Villar.

Centro al que pertenece: Departamento de Asistencia-Prevención y trabajo Social.

Municipio: Bahía Honda.

Provincia: Artemisa.

Nivel de Instrucción: Licenciado en Estudios Socio-Culturales.

Enviado por:

Noralydis Rodríguez

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